El Día de la Madre cuando los niños aún son pequeños

Cómo convertir el Día de la Madre en un día para enseñarles el valor de cuidar a los demás. 

Mayo llega siempre con flores y pequeñas sorpresas preparadas por manos muy pequeñas.

Para muchos niños pequeños el Día de la Madre es una celebración que viven con entusiasmo, aunque todavía no entiendan muy bien qué significa.

A partir de los dos años los niños empiezan a entender que es un día especial, que hay que hacer algo bonito para mamá... Que hay un regalo preparado. Pero, en realidad, lo importante de este día no está en el regalo.

En esta etapa los niños empiezan a descubrir que también pueden cuidar a otras personas. Aunque todavía no entienden conceptos abstractos como la gratitud o el reconocimiento, empiezan a desarrollar algo fundamental: la empatía.

Te habrás fijado que a esta edad:

  • observan mucho lo que hacen los adultos,
  • imitan gestos de cuidado,
  • ellos empiezan notar cómo se empiezan a sentir los demás.

Cuando un niño pequeño prepara un regalo para su madre, muchas veces no lo hace pensando en el significado profundo del día. 

Lo hace porque empieza a intuir algo nuevo: que puede hacer feliz a alguien que quiere.

Tres ideas sencillas para vivir este día con niños pequeños

En lugar de centrar toda la celebración en el regalo, podemos aprovechar este momento para ayudar a los niños a descubrir algo muy bonito: que ellos también pueden cuidar a los demás.

Estas ideas son muy sencillas, pero pueden funcionar muy bien con niños de dos a cuatro años.

1. Cambia la pregunta

Muchas veces empezamos a preguntar:

“¿Qué le vamos a regalar a mamá?”

Puede ser más interesante preguntar:

“¿Qué crees que podría hacer feliz a mamá hoy?”

Las respuestas suelen ser sorprendentes:

  • “un abrazo”
  • “una flor”
  • “un café”

Eso ya es una forma de aprender a pensar en el otro.

2. Da protagonismo al niño

A esta edad, los niños disfrutan mucho cuando sienten que la idea es suya.

No hace falta preparar algo complicado. Déjale elegir entre opciones sencillas:

  • elige la flor más bonita del parque,
  • hacer un dibujo,
  • o elige un cuento para leer juntos. 

Lo importante no es el resultado. Es que el niño sienta que ha hecho algo para alguien que quiere.

3. Crea un ritual que poder repetir cada año

Muchas veces, las pequeñas tradiciones en familia terminan convirtiéndose en los recuerdos más importantes de la infancia.

Por eso, más que pensar en “qué hacer este año”, también puede ser bonito empezar algo que se pueda repetir cada Día de la Madre. 

La pregunta que se repite cada año

“¿Qué es lo que más te gusta de mamá?”

A los dos años dirán algo sencillo.
A los tres, algo que quizás no esperes.
A los cuatro… seguramente se te derrita el corazón.

Si puedes, anótalo.

Ese gesto se repite cada año, se convierte en historia.

✨La caja del Día de la Madre

Ese día, guardáis una cosa pequeña y especial:

  • un dibujo,
  • una flor seca,
  • una nota,
  • una foto.

En una caja. No hace falta llenarla. Solo una cosa cada año.

Con el tiempo, esa caja dejará de ser una caja.

El desayuno (o algo que a ti te gusta mucho) que preparan ellos

Ese día, el desayuno lo preparan ellos.

No tiene que ser perfecto, ni elaborado.

Puede ser algo muy sencillo:

  • llevarte un vaso de leche,
  • poner una galleta en un plato,
  • traer algo de la cocina que sabes que te gusta.

Lo importante no es el desayuno.

Es que ese día, por primera vez, ellos hacen algo por ti.

Al principio necesitarán ayuda pero, al cabo de los años, tendrá todo el sentido.

A esta edad, los niños no siempre recordarán siempre el regalo, ni si todo salió como habías pensado. Recordarán algo mucho más especial: el momento en el que sintieron que podían hacerte feliz.

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